Así como en la sección de ‘Creatividad como problema’ no te propuse encontrar problemas, en esta no te voy a pedir que cometas errores. Los errores llegan, tampoco hay que estarlos buscando. Pero usarlos de manera creativa es otra cosa, he ahí el reto.
¿Cuántas batallas han comenzado en los pasillos de Ikea? Enormes conflictos, parálisis de decisión, incapacidad para llegar a un acuerdo, compras innecesarias, todo para que esa sea la parte sencilla. Lo difícil lo lleva uno a casa y comienza al destapar las cajas y leer las instrucciones.

Qué fácil es equivocarse al armar uno de esos muebles. Una instrucción que no se siga tal como el diagrama indica, un tornillo que se confunda con otro, una pieza que se ajuste en una posición ligeramente equivocada, lleva a resultados terribles: el gabinete al que no le cierran las puertas, la silla en la que es sumamente incómodo sentarse y un proceso que es muy difícil de desandar, porque esos muebles son modelos para armar, pero, como dice otra canción de Soda Stereo, nunca para desarmar.
Mejor no cometer ese error, y sin embargo, se puede cometer en cualquier momento.
La idea no es intentar no equivocarse, eso es justamente lo que hacemos al leer atentamente y seguir paso a paso las instrucciones, la idea es identificar las fuentes de error y minimizarlas. Diagramas confusos, tornillos de dimensiones muy parecidas, piezas con un solo lado correcto, todo eso está ahí antes de empezar, pero apenas llegamos de la tienda abrimos la caja y nos ponemos a armar el mueble.