Creatividad como ejercicio

La creatividad no es un músculo o un órgano. Ejercitarla no significa que seremos más creativos en 28 días, o que produciremos ideas a una rata mayor que antes. Desempeños pasados no garantizan resultados futuros. Esa gran idea quizás fue la única. A muchos les ha pasado.

Son famosas las bandas y artistas de un solo éxito, en inglés es una etiqueta, One-Hit Wonder. Ser catalogado como una One-Hit Wonder tiene su mérito aunque el honor se reciba con una mezcla agridulce: quién no añora ese segundo éxito que nunca llegó. Pero si se pertenece a la lista hay que celebrarlo porque eso significa que se hizo una canción que años después la gente sigue cantando y las radios siguen poniendo.

Para producir ideas hay que reconocer las cosas que facilitan esa producción y las cosas que las dificultan. Potenciar las primeras, minimizar las segundas. Para alimentar tu lado creativo tienes que saber qué alimentos son más nutritivos para ti y qué sabores te gustan más.

Ese es un proceso de autoconocimiento, nadie puede ayudarte a reconocer las cosas que estimulan tu creatividad y las cosas que la impiden o limitan. A lo sumo, te puedes informar de lo que hacen los demás (¿quizás esto se puede catalogar como creatividad como información?). A continuación te comparto una lista de las cosas que hago para mantenerme creativo.

  • Leer todo lo que puedo. Es muy común en mi ambiente escuchar a gente decir que solo leen a los clásicos, que leen solo escritores muertos o que no leen ciertos géneros. Yo he aprendido a ser todo lo contrario. Leo todo lo que puedo. Clásicos y contemporáneos, nóveles y veteranos, y leo cualquier género. Si es un género que conozco poco voy a la cabeza: el pionero o el más famoso. Leer para mí es una fuente de conocimiento de mi oficio pero también de ideas. Cada vez que tengo la oportunidad hablo sobre ello: Mi novela El último New York Times no existiría si no hubiera leído la novela de José Saramago, El año de la muerte de Ricardo Reis.
  • Leer sobre deportes. Me gustan mucho los deportes. Béisbol, fútbol, ciclismo. Tengo varios cuentos sobre temas deportivos o que usan el deporte como mecanismo narrativo. Pero no me basta con ver los deportes porque los veo como fanático (sufro cuando ciertos equipos pierden, detesto sin razón a ciertos jugadores), para verlos con creatividad necesito la ayuda de la escritura deportiva. Crónicas, análisis, estadísticas, anécdotas. De particular ayuda me han sido libros de ciclismo como Lanterne Rouge, de Max Leonard, y The Rider, de Tim Krabbé. También historias y anécdotas del béisbol de Grandes Ligas. Soy fanático del baloncesto, pero nunca me he enganchado en la lectura sobre este deporte, no me extraña que nunca haya escrito un cuento donde el baloncesto sea parte de la historia.
  • Escuchar música nueva y en vivo. Siempre estoy pendiente de los lanzamientos de la semana y de los nuevos discos de mis artistas favoritos. También de los conciertos, cuando puedo asisto. Esto no tiene una relación directa con mi escritura de ficción, sin embargo, por mucho tiempo he mantenido columnas y sitios web de música, específicamente sobre versiones o covers. La idea del cover me gusta, porque es crear sobre lo ya creado, es intentar ser original sobre la base de algo que ya se hizo.
  • Tener siempre una libreta. Recuerdo un comercial de seguros que usaba el eslogan “es mejor tener un seguro y no necesitarlo que necesitarlo y no tenerlo”. Ese podría ser el eslogan de mis libretas. Frases, comentarios, dibujos, cosas que veo, nuevos libros, personajes particulares, anoto todo, muchas cosas luego no las uso, a veces no sé por qué las anoté, otras ni siquiera entiendo lo que escribí. Pero no en pocas oportunidades son el origen de una idea que tiempo después desarrollo. También la libreta me sirve para hacer ejercicios de escritura. Escribo párrafos pensando, reflexionando, argumentando. Escribo los nombres de los proyectos que tengo en marcha o que me gustaría comenzar y comparo las listas más recientes con las anteriores. A veces escribo palabras que me vienen a la mente, como una lista, pero que están relacionadas por sílabas o por su sonido, es una forma de afinar el oído y de mantener el vocabulario fresco.
  • Transcribir conversaciones que escucho. Este ejercicio está relacionado directamente con el hecho de tener la libreta siempre conmigo. Simplemente aguzo el oído y escribo la conversación que sostienen dos personas (más de dos personas lo complica mucho), escribo lo que están diciendo con la mayor fidelidad que me permite la velocidad con la que hablan. Es un ejercicio que me resulta muy productivo porque ejercito el oído para los diálogos, además de que me da temas, puntos de vista, giros, que no estaban en mí, que no tuve que producirlos, es usar a los demás para potenciar mi propia creatividad.
  • Escribir posibles títulos. Otro ejercicio que realizo por llevar la libreta siempre conmigo. Escribo frases a veces sin ton ni son, a veces con más propósito. Uno de esos propósitos es escribir posibles títulos y luego encontrarles la historia a la que pertenecen. Así escribí mi cuento Dioses a destajo. Tardé años en encontrar la historia que albergaba ese título, incluso escribí un par que luego titulé de otra manera y continué la búsqueda.
  • Mantener todo en archivo. No boto ninguna de mis libretas, tampoco borro archivos. Mis carpetas de archivos en la computadora incluyen algunas como “Abandonados”, “Insumos” y “En cuarentena” (tengo que cambiar este nombre luego de lo que ha vivido el planeta desde 2020). También tengo otras como “En revisión” y “En escritura”. Si un proyecto se me atasca, puede pasar de la carpeta “En escritura” a “En cuarentena”. Si después de algún tiempo no veo que se vaya a desatascar lo paso a “Insumos” si hay cosas que considero reutilizables, o a “Abandonados” si creo que no las hay, quién sabe, en el futuro podría encontrarlas. La creatividad como pasado puede comenzar en uno mismo, después de todo cada uno de nosotros es pionero de la vida propia, nadie la ha vivido antes, nadie la vivirá en nuestro lugar.
  • Caminar. Eso no lo hago con libreta para enfrentarme solo a mis pensamientos. Caminar me permite repasar todos los proyectos en los que estoy trabajando, a veces no del todo conscientemente. De una caminata de media hora suelo regresar con varios problemas resueltos e incluso con un par de elementos adicionales a agregar en una historia. Caminar, además, me permite entrar en contacto con elementos inesperados: un ciclista estrambótico, un grafiti hermoso, un letrero mal escrito, todos posibles disparadores de alguna nueva idea, o simplemente elementos que bien pudiera incorporar en lo que esté trabajando.
  • Autoentrevistarme. Esta técnica la utilizo cuando ya la idea está más elaborada. Es una técnica de refinación o de blindaje, me hago preguntas sobre la historia como si fuera un periodista entrevistando al escritor. Preguntas sobre la trama, sobre los personajes, sobre las motivaciones para escribir, sobre el significado de lo escrito, sobre su relevancia. Con esto no solo me ayudo a darle más solidez y sustancia a la idea, también me sirve para agregar elementos o significados que antes no estaban ahí pues no me había visto en la necesidad de expresarlos ni de explicarlos.

Para pensar en ello: El cuerpo ideal.

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