Creatividad como rutina

No es casual que llamen rutina de ejercicios a esas series y combinaciones que la gente hace todos los días o cada cierto tiempo para entrenar y mantenerse en forma. Parte del secreto está en la repetición constante y en que las variaciones que se incorporen sean controladas. Pero sobre todo en no abandonar si algo sale mal o si no están dadas las condiciones para realizar la rutina.

Así se debe hacer con la creatividad. Incorporarla en tu jornada y si un día no vienen ideas no importa, al día siguiente se vuelve a hacer lo mismo o se hace la variación necesaria.

Un amigo dramaturgo una vez me contó que él escribía limpiando la casa. La familia sabía que si estaba coleteando o pasando aspiradora no podían molestarlo porque estaba resolviendo una escena o desarrollando un personaje. Bueno, tampoco lo molestaban porque mientras más escribía más limpia estaba la casa, ganar-ganar.

Pero la casa se ensucia escribiera o no. Lo interesante de esta técnica es que la asociación limpieza-escritura puede llegar a ser tan fuerte que el día en que esté limpiando porque había que limpiar independientemente de cuántas ganas u obligación de escribir tuviera, es probable que las ideas igual se produzcan.

Para mí, caminar es igual a pensar en mi trabajo creativo. A veces salgo a caminar por motivos específicos, por ejemplo ir al supermercado, voy caminando aunque pudiera usar el automóvil para, por ejemplo, hacer una compra más grande. Prefiero ir a pie porque eso significa salir no solo a comprar pan sino salir a crear.

Como un día en la oficina en que sentimos que no rendimos, o un día que estuvimos sentados frente al libro abierto y no nos aprendimos la materia que nos van a evaluar, a veces regreso a casa solo con el pan—no traje la idea, pero al menos compré pan; si pasa al contrario tampoco es ideal—. Sin embargo, incluso en las caminatas menos productivas algo más queda ahí, trabajando, moviéndose, en gestación, las ideas, en efecto, también necesitan un poco de maduración. La fecha de entrega a veces es una tortura no solo por el hecho de que hay que entregar, también lo es cuando sabemos que no estábamos todavía listos para dar la mejor idea y aún así llegó la fecha.

Gravedad, mi primera novela, la autopubliqué con otro nombre, un nombre del que me arrepentí, pero por mucho tiempo sentí que era el único nombre que podía tener la novela. Unos quince años después, sin saber muy bien qué pasó durante la noche, me levanté bastante asombrado de que no se me hubiera ocurrido antes, mucho antes, que Gravedad era el verdadero nombre de la novela. Quince años, no hay fecha de entrega suficientemente generosa para semejante ritmo de trabajo.

Pero la novela estaba escrita y por eso pude cambiarle el nombre. Nunca hay que olvidar que las ideas no son suficiente, que como dejó claro Cabrujas en medio de su malhumor por la pregunta, la inspiración no es nada si uno no se pone a trabajar. La creatividad sin ejecución a veces solo es fanfarronería, otras simple delirio. Hay que ponerse a trabajar y a veces hay que ser creativo para poder finalizar el trabajo, que no siempre se va a contar con todos los recursos necesarios para hacerlo.

La rutina tiene sus rituales, si todo es igual el resultado será parecido. Los deportistas son un buen ejemplo de esto, hacer el mismo ritual en la caja de bateo, en el punto de penalti o en la línea de tiro libre para que el cuerpo actúe y reaccione de la misma manera.

En la rutina de la creatividad también se busca sentirse cómodo, en territorio conocido, para que las ideas no encuentren obstáculos o tropiezos. Es la limpieza de mi amigo dramaturgo, es el distanciamiento que muchos necesitan para oxigenar el cerebro, es el escritorio ordenado de cierta manera, el café servido en una taza particular, la caminata al comienzo o al final de día, el ponerse en cierta posición, en el mismo lugar, hacer los mismos movimientos.

La diferencia con la rutina de los deportistas es que en el caso de la creatividad se trata de hacer lo mismo para que se produzca algo nuevo. Hay quienes dicen que una de las definiciones de la locura es hacer lo mismo y esperar un resultado distinto. Parece un poco alocado eso de crear un ritual para que surja una idea nueva. Quizás esa sea la razón por la que tantas personas pintan al creativo con un toque de locura.

De lo que se trata en realidad es de hacer lo necesario para que la máquina se mantenga en constante movimiento. Las más de las veces, lo repito, las más de las veces se necesita siempre lo mismo. A veces se necesita algo distinto, como, quizá, leer un libro sobre creatividad, por eso este ensayo comenzó con la creatividad como sorpresa.

Para pensar en ello: En la variedad está el susto.

Volver a las puertas.