Sí, de eso es de lo que he hablado en todo este ensayo, del proceso creativo. La creatividad es un proceso porque necesita de muchas fases para llevarse a cabo. Pero no es un ciclo ni una línea de ensamblaje, el proceso creativo no necesita que suceda una cosa después de otra o que varias cosas sucedan en simultáneo. Tampoco es universal, es por completo personal.
Por eso es común preguntarle a los creadores sobre su proceso. También por eso, es importante que los creadores reflexionen sobre cómo producen sus ideas. Reflexionar sobre tu propio proceso te ayudará a que continúe en marcha, que no se trata de tener una única idea genial sino de ser capaz de tener varias ideas, muchas si es posible, contrastarlas y escoger la más adecuada, quizás la escogida sea una idea genial.
Pero hay que tener en claro que no pocas veces la idea más adecuada no es la mejor sino la que tenemos más posibilidades de ejecutar en términos de los recursos de tiempo, personas, dinero y habilidades disponibles.
Si Newton hubiera tenido mucha hambre es probable que no tuviéramos ni una receta de tartaleta de manzana ni la inspiración para la ley de acción y reacción de los cuerpos, lo más seguro es que se hubiera comido la manzana ahí mismo al pie del árbol. Expectativas, urgencias y recursos disponibles influyen en la idea, a veces incluso antes de que la tengamos.
Porque no hay ideas en frío. O en tibio, que las ideas producidas de esta manera suelen ser del tipo descubrió el agua tibia. Hay que calentar el ambiente. Crear las condiciones para que las ideas comiencen a aparecer, ideas que luzcan con posibilidades de ejecución. Con información, antecedentes, contexto, límites, promesas, trabajo, ejercicio, rutina, errores y sorpresa se crean las condiciones para que el proceso creativo se ponga en marcha y que, con perseverancia y un poco de suerte, no se detenga nunca.
Quiero insistir en lo de la suerte porque la creatividad suele tener un no sé qué de impredictibilidad, la idea muchas veces parece surgir de la nada o en un momento inesperado. Por eso es tan fácil pensar en la inspiración como que la idea nos la pusieron ahí y ya. Quizá por eso también se le ocurrió a Platón ese concepto, tan importante para el desarrollo de la filosofía occidental, del mundo de las ideas: un mundo donde las ideas habitan como reflejo pero independientes del mundo de los sentidos. Esa aparición inesperada suele tener una base sensorial.
Vemos de muchas maneras el mundo, la realidad, lo que nos rodea, tenemos que estar atentos para verlo de una manera creativa. Porque lo cierto es que las ideas llegan en cualquier momento solo si se ha estado trabajando para que ello suceda. Si se está en medio del proceso. Hay que estimular las ideas, hay que crear las condiciones para que aparezcan, hay que estar listo para cuando lo hagan.
Mi microcuento Zidane y un correo no deseado usa el tristemente célebre cabezazo en el pecho que Zinedine Zidane le propinó a Marco Materazzi en la final del mundial de fútbol de 2006. Sí, tuve que haber visto el cabezazo, sorprenderme, discutir sobre él, recordarlo con cierta regularidad para que pasado el tiempo la idea se me ocurriera. Pero el paso del tiempo es fundamental en el cuento que escribí. También lo es en El destino, microcuento que escribí a raíz de otra tristemente célebre acción durante un partido, en este caso de béisbol, el intento de atrapada de un fanático en la tribuna durante la serie de campeonato de la Liga Nacional de las Grandes Ligas en 2003. De no haber visto esos juegos y mantener las jugadas en la memoria, sin duda no habría podido escribir los cuentos. Pero tal como lo dije al hablar de la creatividad como ejercicio, yo sé muy bien el lugar que los deportes ocupan en mi proceso creativo.
¿Vendrán nuevas jugadas que generen ideas para historias? No lo sé, pero estoy listo para cuando lleguen, tal como estaba listo cuando el cliente me hizo la pregunta para escribir este ensayo—por supuesto, no me preguntó directamente sobre el ensayo, cómo iba a hacerlo si yo no había tenido la idea de escribirlo:

Estaba trabajando en una librería y el cliente me preguntó por un libro de creatividad de un autor específico del cual ya no recuerdo el nombre. Lo busqué en el sistema y no estaba, la librería nunca había tenido ese libro o algún otro del autor. Ahí pudo terminar el asunto como suele terminar con tantas peticiones y sus respectivas búsquedas infructuosas. Pero al rato fui a hacer mi ronda por la librería y vi al cliente parado frente a la sección donde habría estado el libro si lo hubiéramos tenido. Me le acerqué y le pregunté si estaba interesado en el autor o en la creatividad y me dijo que en la creatividad. Entonces le mostré dos o tres opciones, entre ellas el libro de Questlove, Creative Quest, que fue el que terminó llevándose muy agradecido el cliente.
Más agradecido quedé yo porque cuando se marchó, me dije que tenía que escribir algo sobre creatividad, pues llevaba tiempo pensando mucho sobre el proceso creativo como tema de mis novelas y como parte de unas sesiones de mentoría que estaba llevando a cabo. Casi de inmediato se me ocurrió el título y decidí que comenzaría con la manzana de Newton, en menos de 24 horas tenía los primeros cinco puntos del índice, unos tres días después tuve el concepto completo, luego a escribir.
Conocer tu proceso, mantenerlo activo, para que cuando no las estés buscando pero también cuando sea necesario, cuando estés en la obligación de producir ideas, estas lleguen de forma fluida y natural. También para que te llamen cuando otras personas necesiten ayuda produciendo ideas.
Para pensar en ello: Confiar en el proceso.