Tal como dije en la puerta de la Creatividad como trabajo, sentarse a escribir es una actividad muy buena para producir ideas. Al papel llegan cosas que nos sorprenden y nos gustan. En la puerta de la Creatividad como sorpresa escribí: “Una buena idea puede encontrarse con la audiencia equivocada y una mala idea sigue siendo una idea, por eso es tan difícil medir la creatividad por los resultados”.
Esa oración no solo me sorprendió y gustó sino que también me sirve para esta sección. A veces el resultado no es un asunto de un mal día, de mala suerte, de audiencia equivocada o de calidad en sí, sino de diseño. El proceso puede estar hecho para que el resultado sea ese y no otro. La pregunta importante es cómo darse cuenta de que lo que hay que cambiar no es el resultado sino el proceso que llevó hasta él.
Hay que confiar en el proceso hasta que no se puede confiar en el proceso. Tautológico. Si creemos que todos los elementos están y cada parte fue bien ejecutada, es natural que esperemos un resultado por lo menos aceptable.

Cuántas veces estaremos dispuestos a repetir el proceso si los resultados obtenidos no son mínimamente aceptables es cuestión de las circunstancias (quizá algún factor externo poco controlable influye), de la posibilidad de iteración, de la personalidad y de cuán lejos del buen resultado creamos estar.
Lo importante es la capacidad de evaluar, de evaluarse, para que cuando llegue el momento de decidir que hay que hacer algo radicalmente distinto a todo lo que hemos hecho hasta ahora, ese acto no sea de simple destrucción sino de reinvención.