Cuando la orimulsión parecía el futuro de la industria de hidrocarburos venezolana, se hablaba con frecuencia de cómo esa industria se puso en movimiento para resolver un problema importante: Venezuela contaba con una de las reservas de hidrocarburos más grandes del planeta, pero eran hidrocarburos sumamente pesados, muy difíciles de extraer y más de utilizar como combustible. La orimulsión fue la respuesta a ello.

No entremos en detalles técnicos sobre qué era, cómo se obtenía y por qué se volvió inviable la orimulsión; la estoy recordando acá por una anécdota que me contaron y que no sé si sea del todo cierta, no porque no sea creíble sino por todo lo contrario, es demasiado perfecta en su credibilidad: la idea que después se puso en marcha con éxito, al parecer surgió mientras uno de los miembros del equipo se estaba lavando las manos y vio que la forma en que el agua y el jabón ayudaban a quitarse la grasa y el aceite podía ser la clave para extraer y movilizar los crudos extrapesados. Cayó la manzana.
Pero la persona que se estaba lavando las manos trabajaba con hidrocarburos, fueron muchas las veces anteriores que necesitó quitarse aceite y grasa de las manos. Todos los miembros del equipo que estaban en el proyecto también se habían lavado las manos cientos de veces. El acto de lavarse las manos fue creativo solo cuando se dio en medio de un proyecto para resolver un problema muy específico. No hay creación sin contexto.
Entre escritores es común encontrar cierta aversión a la palabra inspiración. Entiendo la razón. Las más de las veces la gente pregunta por la inspiración como si se tratara de una manzana cayendo de la nada. La inspiración entendida como creatividad sin contexto no es nada. La manzana de Newton cayó donde tenía que caer. Newton era un joven veinteañero cuando vio la manzana, pero no era un joven buscando oficio; Newton estaba en su casa porque la universidad de Cambridge había cerrado durante un brote de peste bubónica. Su trabajo estaba en marcha, su mente estaba en movimiento, la manzana le dio el ingrediente que le faltaba, la manzana unió esos puntos porque no fue un simple objeto que Newton recogió en el jardín y se guardó en el bolsillo para ver si algún día le encontraba uso.
Construir el contexto para la creatividad es sumamente importante. Por eso funcionan y en eso fallan instrumentos y actividades como las tormentas de ideas. Una sesión de tormenta de ideas es el ambiente ideal para producir eso, ideas. Un grupo de gente interesada se reúne en un salón para pensar sobre un problema a resolver. Cada uno se alimenta de lo que dicen los demás y en algún momento el conjunto comienza a funcionar de tal manera que las ideas fluyen hacia mejor.
Los fallos en estas sesiones pueden comenzar antes y no solo durante la sesión. No basta con ponerlas en el calendario y llevarlas a cabo en un salón con sillones cómodos, colores relajantes y música estimulante. El contexto para la creatividad comienza en las personas. Si hay una voz cantante, el estruendo de la tormenta es mucho menor o se vuelve apenas rumor. Se corre el riesgo de que la sesión tome el ritmo de las personalidades más dominantes, más seductoras o con intereses específicos (no necesariamente resolver el problema; por ejemplo, el interés de destacar en la reunión porque se piensa que eso será una proyección importante dentro de la empresa). Las ideas de esas personas suelen no alimentarse de las de los demás sino que simplemente se reafirman, sobre todo si los otros no están del todo claros o del todo convencidos del porqué son parte de la sesión.
Ese es un error común: invitar a personas dándoles poca información para que lleguen a la sesión sin contaminarse de trabajo previo y que las ideas les surjan de la forma más espontánea posible. Muchas veces, esas personas son invitadas para que hagan barra, para que digan sí a todo lo que el verdaderamente interesado propone.
No es fácil construir el contexto necesario para la creatividad. Es una mezcla de ambiente no siempre controlable y de personalidad no siempre moldeable, a veces, como en el caso de Newton, también de distancia, pero sobre todo de interés, Newton no estaba buscando una manzana, pero la manzana cayó como pelota de baloncesto en el aro de su búsqueda.
Las ideas pueden resultar interesantes apenas se formulan porque el interés es previo a ellas. Es como aquella parábola que cita Borges del castillo rodeado por cientos de guardias y obstáculos a los que antecede un encargado de escribir el nombre del que será digno de convertirse en señor del castillo. Todos esperan atentos a que el encargado escriba, hasta que llega un guerrero no más valeroso pero sí más desenfadado que el resto, le ordena al encargado que escriba su nombre y sin esperar por ello se abre paso hasta el castillo. La fórmula es simple: A mayor interés por un tema mayores probabilidades de generar ideas interesantes en ese tema.
Para pensar en ello: Ambiente familiar.