Creatividad como inteligencia artificial

La portada de mi libro Si me muero, abre estos archivos, me produjo una de esas inesperadas satisfacciones que tiene publicar. La historia la cuento con más detalle, pero acá me interesa decir que se trataba de una foto stock y la modelo de la portada se encontró a sí misma en Instagram y le dio su corazón. Al confirmar que era ella, le escribí, lo hice en turco, porque la modelo era de ese país y ella me respondió.

Para que ella entendiera lo que le escribí y yo lo que me respondió usé un programa de traducción. Ese mismo programa lo uso con frecuencia para corregir y comparar traducciones al inglés o al español, ajenas y propias, cuando algo no suena bien o si intuyo que hay una expresión más común para decir algo. También, por supuesto, si me parece que la traducción es robótica o hay un salto de estilo muy notable en ella, y la quieren hacer pasar por trabajo original.

La diferencia es que con el español y el inglés puedo usar el programa de traducción como apoyo, con la traducción al turco di un doble salto de fe, primero dando por hecho que lo que decía mi texto en español lo decía también en turco, luego que esa era la mejor manera de decirlo en turco.

La creatividad, como se dijo en otra puerta, depende del contexto y hay momentos en que el contexto cambia de tal modo que se vuelve un nuevo estado de cosas.

Cuando comencé a escribir este ensayo, los avances en inteligencia artificial nos sorprendían, pero no se habían convertido en asunto omnipresente como al momento de entender que debía dedicarle una sección específica. ¿Cómo cambia la creatividad cuando está ayudada por herramientas de inteligencia artificial? Quizá sea muy pronto para saberlo, mientras, las reacciones suelen moverse entre extremos, del apocalipsis civilizatorio al escepticismo cínico y todo lo que haya en medio.

Yo, por ahora, me pongo del lado de los usos, ¿estoy traduciendo inglés-español o estoy traduciendo al turco?

El papel de la inteligencia artificial depende de lo que esperamos de ella al utilizarla y de lo que esperamos de nosotros mismos en ese uso. Pero, claro, el contexto cambia para todos, y son muchos los traductores, editores y profesionales de otras áreas que comienzan a ver sus ingresos mermados y sus opciones y oportunidades disminuir por el uso de herramientas de inteligencia artificial en su disciplina.

La reciente huelga de Hollywood fue producto de que los estudios se plantearon que no valía la pena seguir contratando actores y escritores si con inteligencia artificial podían hacer películas a muy bajo costo que las personas igual irían a ver.

También generó sorpresa e indignación la postura que la organización del NaNoWriMo compartió a poco del comienzo de un nuevo mes nacional de escritura de novelas. En vez de tomar clara posición sobre si va a estar permitido o no escribir mil palabras al día por un mes con ayuda de la inteligencia artificial, decidieron llamar clasista y discriminatoria contra los discapacitados la oposición al uso de la inteligencia artificial en la escritura. Tras el escándalo que siguió tuvieron que explicar sus palabras, pero como suele pasar con las explicaciones a posteriori, las dudas siguen vivas. Al final, si la inteligencia artificial puede ayudarme a escribir una novela de 30 mil palabras en un mes, ¿por qué el límite? ¿Por qué no 30 novelas de 30 mil palabras? ¿Tiene sentido esto?

La pregunta sobre qué papel le daremos a la inteligencia artificial, en efecto, no es simplemente personal.

Para pensar en ellos: Una nueva narrativa.

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