Creatividad como límite

Cada vez son menos las personas que van al cine, con tantas opciones para ver en casa, estrenos simultáneos o exclusivos en servicios de streaming, además de la posibilidad de ahorrarse el costo del estacionamiento y de las cotufas y refrescos con sobreprecio. Pero todavía es común haberse enfrentado a la situación de que ante una sala vacía no sepamos dónde sentarnos; dudamos, en vez de ir directo a cualquier asiento.

Ante la abundancia de opciones es normal la reacción de parálisis, porque, al igual que en el plan de Síndrome, con tantos buenos asientos también aumentan los posibles malos asientos. En esa situación, en realidad no estamos buscando un buen asiento sino el asiento ideal, lo cual multiplica la posibilidad de error y eso dificulta la decisión a veces hasta el punto de que preferimos no tomarla y dejamos que alguien más llegue y se siente primero. Con una sala llena no hay de otra, solo buscamos el asiento disponible. Con la sala a medio llenar, sin embargo, podemos sentirnos en la mayor comodidad, no dudamos del asiento que tomamos entre las opciones disponibles y hasta quizás encontremos argumentos para decir que ese no solo era el mejor asiento vacío sino el mejor asiento de toda la sala. Limitar las opciones no limita la creatividad, todo lo contrario.

Por eso es tan común escuchar la frase ‘yo solo funciono bajo presión’. Es una frase que parece una excusa, pero al contrario de los perros comiéndose los deberes, esta excusa suele tener mucho de verdad. Porque los límites como estímulo de la creación funcionan, tanto funcionan que mucha gente está plenamente convencida de que la presión es lo que les permite hacer su mejor trabajo o generar una buena idea.

La fecha de entrega suele verse como moneda de una sola cara, pero en realidad tiene dos: por un lado nos pone el temor y la presión de la fecha que hay que cumplir a como dé lugar, por el otro ofrece la liberación que da tener la claridad de cuándo va a terminar el proyecto. ¿Es la misma cosa? Es la misma moneda. Presionados por terminar ponemos todo lo que tenemos en hacerlo, y eso produce las ideas necesarias para entregar. Quizás no sean las mejores ideas. Como esos estudiantes que se acuerdan de la respuesta en el pasillo luego de haber terminado el examen, muchas veces se nos ocurrirá una mejor idea después de la fecha de entrega, pero es probable que la fecha de entrega haya puesto en sobremarcha esa máquina y por eso no se detiene tan fácilmente.

Para seguir con Newton, la inercia también puede ser creativa. Lo importante, sin embargo, es que la máquina esté en funcionamiento siempre y por sus propias condiciones; si la fecha de entrega es lo único que estimula las ideas hay un problema.

Estamos tan acostumbrados a que los límites sean externos (el horario, la decisión del jefe, el capricho del cliente, el presupuesto) que no sabemos cómo trabajar con la libertad necesaria para tomar decisiones. Tomar la decisión es ponerse límites a uno mismo y correr con las consecuencias. Si no lanzas la pelota siempre existe la posibilidad de que tumbes las botellas y te ganes el premio, pero al momento de lanzarla ya solo hay 50% de probabilidades de que las tumbes y el negocio de la feria está en que sean más los que se vayan a casa sin premio.

Es popular la imagen del escritor que no sabe cómo detener su novela y escribe y escribe y escribe hasta que de tanto escribir la novela se vuelve ilegible. Michael Chabon escribió una gran historia sobre eso, Wonder Boys, la película me gusta más, con Michael Douglas, Tobey Maguire, Robert Downey, Jr., Frances McDormand y Katie Holmes, qué superelenco. El novelista de Wonder Boys necesitaba una fuerza externa que le pusiera punto final a su novela o a su intento de terminarla. Escribir sin límites hizo que perdiera dirección y objetivo.

La originalidad no es creatividad sin límites. La originalidad es extensión o ruptura de los límites. Sin límites no hay libertad. Hacer lo que nos da la gana solo tiene sentido cuando hay cosas que se pueden hacer y cosas que no. Romper las reglas exige no solo que existan reglas sino que además sean respetadas, así romperlas tendrá un motivo o un significado.

La libertad en la creación es como la libertad en el fútbol: puedes moverte por todas partes siempre y cuando estés dentro de las líneas del campo y que cuando recibas el balón no lo toques con las manos ni estés en posición adelantada. Esto no es ponerle límites a la creación, uno no sabe lo que son capaces de hacer con un balón jugadores como Maradona, Messi o Rapinoe. Si acaso uno sabe lo que no van a hacer: tocar el balón con la mano (bueno, no en el caso de Maradona, pero esa jugada da para otro ensayo).

Crear límites es crear estilos y fórmulas. Podemos decir que Botero se repetía, pero también podemos decir que un Botero es inconfundible. Y al preguntar por el Botero favorito, es probable que las respuestas sean tan variadas como las opciones que el artista nos dio (aunque si todos dicen que su favorito es el gato, bueno, es porque El Gato de Botero es El Gato de Botero).

Hablo de la creatividad del palíndromo. Sentarse a escribir con un límite tan estricto, que las frases se puedan leer de derecha a izquierda diciendo lo mismo que al leerse de manera regular de izquierda a derecha, es encontrar posibilidades por completo inesperadas, porque la poesía se revela precisamente en el ritmo y la cadencia de ese efecto de espejo. De hecho, la poesía está llena de medidas y extensiones con nombre propio. En su momento, romper con esas extensiones fue una explosión de creatividad. Pero la idea del verso libre es que el poema imponga su propio ritmo y métrica, su propia estructura, no que no las tenga.

Limitar en tema, en estilo, en tiempo, en extensión, en dinero, en personas, en lo que sea necesario para así aumentar las opciones de éxito. Limitar para aumentar, suena contraintuitivo; excelente, como ya lo dijimos, lo contraintuitivo suele ser muy estimulante para la creatividad.

Hay que tener cuidado de no confundir los límites con encasillarse. Limitar para crear es acotar un problema para encontrar más y mejores soluciones. Encasillarse es dar la misma solución independientemente del problema, es dejar de hacerse preguntas pero seguir dando una respuesta que se da por única. El encasillamiento es poner límites pero dejar la creatividad fuera de ellos.

No en pocas ocasiones el encasillamiento es ajeno. Los prejuicios limitan a las personas por los comportamientos, actitudes, desempeños y resultados que se esperan de ellas sin que esa expectativa tenga base alguna. Pero los prejuicios son poderosos, vaya que lo son, los prejuicios moldean nuestras creencias e identidades a tal punto que se convierten en valores y verdades incuestionables. Luchar contra los prejuicios propios y ajenos es una batalla también por la creatividad. No acercarse a un arte, a un oficio, a un género, a una persona por una actitud preconcebida hacia ellas es renunciar a las ideas antes de haberlas tenido. Vivir la vida guiado por prejuicios es, entre otras cosas, vivirla haciendo de la falta de creatividad un valor.

Para pensar en ello: Hasta aquí llegamos.

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