Es famoso el discurso de Steve Jobs donde dijo que los puntos se conectan hacia atrás. Uno no sabe qué experiencia en la vida va a ser importante en el futuro hasta que en el futuro se vuelve importante.
Pero cuidado, ver hacia atrás a veces puede ser engañoso, sobre todo si nos dejamos condicionar por el resultado del presente. Cuando todo luce lógico, cuando todo cuadra, puede ser que estemos siendo en exceso racionales. Las teorías de la conspiración, por insistir en su falta de creatividad, suelen aprovecharse de nuestra debilidad por la razón para explicar interesadamente el pasado con una mirada que ata cabos que no estaban sueltos o que no tenían conexión. El futuro, en cambio, no suelen predecirlo de manera acertada.
Cuando trabajaba en comunicación política solíamos decirlo de esta manera: el día antes de las elecciones nadie vio que el candidato C podía ganar/perder la elección. El día después de las elecciones, todo el mundo sabe por qué el candidato C no podía perderla/ganarla.
Esto es el equivalente de la frase desmotivadora disfrazada de consejo que le dan a los jóvenes escritores: vive primero antes de escribir. Sí, mientras más experiencias de vida tengas más material para escribir, pero ni basta con tener vivencias para escribir ni se trata de esperar por ellas. Hay que querer conectar los puntos incluso antes de que veamos la posible conexión entre ellos o de que sepamos que se trata realmente de puntos a conectar, esto es, hay que conectarlos también hacia adelante, ya veremos cuál es el resultado.
Ver hacia atrás es ir a los orígenes, propios y ajenos, entenderlos y utilizarlos. Bien pudiera haber incluido este punto en la ‘Creatividad como Información’, pero una cosa es revisar el estado del arte, otra ir a los orígenes. Hablo de casos como el que se ve en el documental It Might Get Loud. Jimmy Page, The Edge y Jack White, tres guitarristas virtuosos de tres generaciones distintas, en algún momento nos muestran su devoción y respeto por los guitarristas que, principalmente desde el blues, le dieron cimiento a la música que estos tres genios hacen.
Solemos estereotipar a la personalidad creativa como etérea, dispersa, que vive en el aire. Las musas las imaginamos como voladoras, la manzana cae por supuesto desde arriba, incluso hay quienes pintan la manzana cayéndole en la cabeza a Newton. La verdad es que la creatividad necesita raíces, base firme, y esa base está muchas veces en los pioneros. Los pioneros resolvieron problemas con menos recursos e información disponibles que los que les siguieron después, por eso acercarse a su trabajo, revisarlo con atención, suele ser muy fructífero.
Hay áreas que han avanzado tanto que ir a los orígenes puede ser visto como innecesario o infructuoso, pero incluso la tecnología más de punta comenzó por el principio, y ese principio fue resolver el mismo o un problema similar con menos información y menos recursos, sin duda algo podemos aprender al menos de la actitud con que nuestros antepasados en la materia enfrentaron y solucionaron el problema.
También hay que tener ídolos. Recuerdo una vez que el presidente de una federación regional venezolana de escalada me contó su crisis de éxito: gracias a unos convenios deportivos que el país había firmado pero nadie estaba utilizando, la federación, pequeña y con pocos recursos, logró que grandes escaladores de Europa visitaran el país para entrenar a los jóvenes; la calidad de los escaladores locales subió de inmediato a niveles nunca alcanzados en la región y el problema que tenían pasó a ser de actitud de los escaladores que muy jóvenes, poco experimentados, con mucho todavía por aprender, pero sin nadie a su alrededor a quien imitar, admirar o superar, dejaron de tener metas de crecimiento, sentían que ya habían llegado y no había quien les mostrara que apenas estaban comenzando.
En el trabajo de los ídolos hay claves y ejemplos a seguir, hitos y estilos a emular, y reglas y modos que romper. La frase “kill your idols”, popular en inglés, no tanto en español, “mata a tus ídolos”, no es un llamado al magnicidio sino a la creatividad, a usar el trabajo del ídolo como base para algo nuevo, distinto, algo que puede ser visto incluso como traición cuando se trata de una cosa que el ídolo jamás habría hecho. Pero para saber que alguien no habría hecho algo hay que conocerlo muy bien. Para matar ídolos primero hay que conocerlos al detalle.
En resumen, investigar y admirar. Saber lo más posible de lo que se ha hecho y se está haciendo en tu área o tema de interés. Seguir, conocer y sobre todo disfrutar el trabajo de un pionero o ídolo en esa área o tema. Esta es la base, los cimientos del trabajo creativo, el edificio comienza a construirse y no sabemos cómo será, no sabemos si lo podremos terminar. Saberte de memoria todo el cancionero romántico latinoamericano y conocer al dedillo la carrera completa de Armando Manzanero no garantiza que podrás escribir una gran canción de amor, pero al menos serás una excelente compañía durante el despecho de los amigos o en fiestas de karaoke.
Para pensar en ello: Volver al futuro.