Creatividad como protección

No son pocas las personas que aseguran que el mejor trabajo de todo creador es el primero, bajo el supuesto de que ahí estaban más frescos, eran más espontáneos y tenían más hambre. Eso se parece mucho a ‘todo tiempo pasado fue mejor’, seguro que sí, mientras no exista la posibilidad de ir a vivir sin las comodidades y logros de los tiempos actuales. Claro que los problemas de la actualidad parecen estar poniendo en peligro nuestra continuidad como raza, pero en algún lugar quizá ya estén dando con soluciones.

Como en todas estas cosas, hay elementos de verdad en aquello de que la primera obra es la mejor, pero muchas veces se debe a que su éxito impide que las nuevas ideas se desarrollen de la misma manera. Un dramaturgo puede pasar años trabajando en su primera pieza hasta que la historia está redonda, la puesta en escena es tal como la quiere y los actores son los ideales, luego logra que lleven la pieza a las tablas, tiene éxito y lo que recibe es un ‘¿para cuándo la próxima?, mira que si no tienes rápido una nueva la gente se olvida de ti’.

Que la siguiente pieza luzca menos elaborada y menos fresca, por eso más forzada y precipitada, es casi una consecuencia natural de ese nuevo proceso. Hay quienes nunca logran entregar esa segunda pieza.

Para llegar a este punto fuimos repasando varios estados y situaciones que nos potencian la creatividad y que puestos a trabajar en conjunto o en continuo son la fuente del proceso creativo. También señalé muchas situaciones que atentan contra ese proceso. La mala convocatoria, las exigencias burocráticas, los tiempos poco adecuados, las obligaciones del día a día, son muchas las cosas que pueden sacarnos de ese proceso.

Hay que saber protegerse de esas situaciones y momentos, a veces podremos, a veces no. Si se sale o nos sacan del proceso creativo lo importante es saber volver, poder reiniciar el proceso una vez interrumpido.

Para ello, los ejercicios y la rutina son importantes, también la sorpresa y buscarse un problema, ojo, un problema creativo que se convierta en una necesidad, en una nueva búsqueda. Pero a veces hasta la propia creatividad nos saca de ahí.

¿Cómo protegerse? Otra vez, el autoconocimiento es indispensable. No comer alimentos que nos irritan el estómago, no beber las cepas o marcas de vino que nos dan sueño, no tomar café después de las cuatro de la tarde. Así debemos tener de claros los elementos que afectan nuestra creatividad y evitarlos, o minimizar su impacto si no es posible sacarlos del proceso.

Para pensar en ello: Barreras de creatividad.

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