En sociedades tan complejas como la nuestra, con tantos problemas y exigencias, la creatividad es en no pocas oportunidades una necesidad. Cuántos trabajos, cuántas actividades tuvieron que repensarse, adaptarse o cambiar profundamente de la noche a la mañana en medio de la pandemia de covid-19. Los más creativos, los que estaban mejor preparados para dar ideas, seguramente encontraron más y mejores soluciones a los nuevos retos. Muchas obras de todo arte y género se hicieron durante la pandemia. Sin embargo, fue también común escuchar o leer cómo cientos de creadores estaban teniendo problemas para rendir en sus actividades. A veces fue el cambio súbito de su rutina, a veces las nuevas exigencias y compromisos, a veces la preocupación y el miedo, a veces el haber sido víctimas de la enfermedad. Así como unos lograron sobreponerse a las nuevas condiciones y seguir creando, otros no pudieron, y habrá habido quienes encontraron en esas nuevas condiciones precisamente el elemento que necesitaban para crear.
La capacidad de crear se manifiesta de distinta manera en cada persona. Por eso, es importante preguntarnos a qué nos referimos cuando decimos que una persona es creativa.
En efecto, hay personas más creativas que otras. ¿Esto se debe a su personalidad, a su temperamento, a su actitud, a las circunstancias? Si se tiene una personalidad creativa quizás todo lo que se haga tenga un toque de creatividad. Si se tiene un temperamento creativo habrá días en que se será más creativo que otros. Si se tiene una actitud creativa seremos creativos en ciertas situaciones. Si depende de las circunstancias, la creatividad deja de ser personal para volverse un asunto externo, un poco fuera de control.

Siempre me ha impresionado que una sociedad tan creativa como la Atenas del siglo V a.C. también produjera la idea de que ya todo estaba hecho. Bueno, no mandaron el correo electrónico, tampoco el fax o el telegrama. Pero bien pensado, era natural que cierto pesimismo embargara a muchos de los creadores atenienses cuando en la audiencia estaban tipos como Platón o Esquilo, cómo sorprenderlos si 25 siglos después ellos siguen maravillándonos con su obra y pensamiento; quién podía cuestionarte si no te atreviste a mostrar tu trabajo frente a un Aristófanes que siempre estaba listo para escribir una obra inmortal donde convertiría a quien fuera el caso en personaje principal para hacer mofa de sus capacidades. Mientras más difícil la audiencia menos creatividad se tiene. ¿Exageración? Quizás, pero es una exageración que sirve para no desestimar del todo el factor externo, los tomatazos le ablandan personalidad, temperamento y actitud a cualquiera. Habrá quienes hagan salsa para pasta con esos tomates, otros olvidarán pronto que fueron blanco de los tomatazos, pero son muchos los que no se reponen, los que no continúan. ¿Eran personas menos creativas? No, la habilidad de esquivar los tomates o de que no te manchen de por vida no tiene que ver con la creatividad, pero eso es otro tema.
No hay que perder de vista, sin embargo, que con una audiencia menos difícil no aumenta la creatividad, sobre todo si se comete el error de subestimar a esa audiencia. Cuántas veces hemos escuchado que hoy por hoy la gente lee menos y por ello hay que hacer publicaciones fáciles de digerir; al ver esas publicaciones ‘digeribles’ se entiende por qué la gente lee menos.
Una buena idea puede encontrarse con la audiencia equivocada y una mala idea sigue siendo una idea, por eso es tan difícil medir la creatividad por los resultados. Tampoco es la cantidad ni la frecuencia de ideas lo que te hace más o menos creativo, es poner todos los elementos en funcionamiento y estar listo. No todo está hecho ni nadie tiene la última palabra, esa es la actitud y el temperamento de la personalidad creativa.

Lo que toda persona creativa suele tener es capacidad para sorprenderse. No una sorpresa cualquiera, tiene que ser una sorpresa que continúe, mantenerse sorprendido frente a una obra de arte, frente a una historia, frente a una situación que nadie ha resuelto. Desde que fue estrenada en 1977, la Guerra de las Galaxias ha fascinado a varias generaciones. Son muchísimos los admiradores, seguidores (y también unos cuantos obsesionados) de la primera trilogía, de la segunda trilogía, de la tercera trilogía, de las series animadas, de los cómics, de las novelas y cuentos, de personajes específicos. No poca de esa fascinación ha sido alimentada por cierto tipo de fanáticos que al ver alguna de las películas quisieron continuar con su propia versión de lo contado y de lo no contado, de lo que continúa o de lo previo. La llamada fan fiction es posible porque miembros de la audiencia no solo se dejaron sorprender por la creatividad de otros sino que quisieron, decidieron continuar sorprendidos, elaborar sobre su propia sorpresa.
No hay que confundir sorprenderse con ser tomado por sorpresa. No me refiero al susto que nos da alguien cuando nos habla por detrás sin que lo hayamos escuchado llegar. Hablo de la mirada de Dupin cuando en el cuento de Poe solo él supo encontrar la carta escondida a la vista de todos y de paso no se conformó con los cien años de perdón sino que elaboró una interesante y sutil revancha contra el ladrón.
Por supuesto, habrá temas y áreas en que seremos más sensibles a la sorpresa, otras en las que no habrá manera de sorprendernos. Pero la sorpresa para que sea sorpresa tiene que venir sin anuncio previo. Newton no estaba a la espera de que cayera la manzana, pero se paró frente al jardín, listo, probablemente sin estar del todo consciente de ello, para ser sorprendido.
Hacerse preguntas, cambiar el punto de vista, ponerse en los zapatos de otro, introducir variaciones en el ambiente o en las actividades de siempre, todo eso sirve para mantenerse alerta. Mantenerse alerta para ser sorprendido, un pensamiento contraintuitivo; los pensamientos contraintuitivos son muy buenos para la creatividad, nos encontraremos otros más adelante.
Para pensar en ello: Encontrar el laberinto.