En una entrevista, el dramaturgo José Ignacio Cabrujas se molestó cuando le preguntaron por sus fuentes de inspiración y respondió que la inspiración es una ampolla en el trasero, versión malhumorada de aquel consejo en forma de aforismo que ya no sé quién lo dijo de tanto que lo han reproducido en memes y postales digitales atribuido al pensador o celebridad de conveniencia: “Si la inspiración llega que te encuentre trabajando”. Otra que ya no sé quién la dijo primero: “El golf es un deporte de suerte, mientras más practico más suerte tengo”.

En efecto, hay trabajos a los que la inspiración acude con frecuencia. Un trabajo es información (necesitamos conocer o ser entrenados en la posición o cargo a desempeñar), pasado (en la mayoría de las posiciones hay un quehacer previo del cual aprovecharse), contexto (el cargo existe en una organización específica, se llega a él con una hoja de vida y experiencia particular), límites (hay jerarquías que respetar, presupuestos, normativas), expectativa (se trabaja por proyectos, se esperan ciertos resultados) y errores (sí, hay trabajos en que los errores pueden ser fatales, pero siempre existe la posibilidad de cometerlos y la obligación de corregirlos). Hay trabajos que tienen todos los elementos para estimular la creatividad. En esos trabajos no tiene nada de extraño que la inspiración te encuentre, en efecto, trabajando.
Por ejemplo, precisamente, al escribir. Uno no piensa palabra por palabra de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha (si escribiera en japonés no lo diría en ese orden), uno piensa, por decirlo de alguna manera, en 360 grados, con imágenes, recuerdos de sonidos, olores, sabores y texturas, con frases entrecortadas, con pensamientos no del todo formulados. Por eso, llevar las ideas al papel no es tan expedito como uno quisiera. Hay cosas que estaban claras en la idea que no podemos reproducir en el papel, hay detalles que se nos escapan por completo porque como idea no necesitaban expresarse con palabras y por eso no tenemos palabras para expresarlos. Pero también aparecerán en el papel cosas que no habíamos pensado, previsto ni planificado. Escribir es un trabajo creativo tanto porque proviene de la idea como porque al ejecutarlo produce nuevas ideas debido a que se realiza en las condiciones adecuadas para ello.
Sí, el trabajo es fuente de inspiración, pero solo si existen las condiciones para ello. Si el tuyo las tiene, te deseo que puedas conservarlo. Porque la verdad es que muchos trabajos no tienen esas condiciones todo el tiempo. No querer ir a la oficina, no querer sentarse frente al computador, no querer verle la cara al jefe o a ciertos compañeros, no querer lidiar con los clientes, todo eso existe también en el trabajo más creativo y a veces es eso y no el famoso temor a la página en blanco lo que está afectando la creatividad. Por si fuera poco, todo trabajo tiene obligaciones que no suelen ser estimulantes. El informe, la reunión, la evaluación; mantenerse creativo en medio de ese papeleo no es sencillo. Además, hay otro tipo de trabajos.
Ya Charles Chaplin hizo esa denuncia en Tiempos modernos: Charlot trabaja en la línea de producción de una fábrica apretando tuercas y con el paso de las horas no puede detener el movimiento de sus brazos en un continuo espasmo muscular. Cuando Charlot ve los botones del vestido de la mujer y cree que son otras dos tuercas a ajustar, su mirada no es creativa, todo lo contrario, su mirada está deshumanizada por el rol que está obligado a asumir. Aún con la cada vez mayor automatización de empresas y negocios, todavía son muchísimos los trabajos que no fomentan la creación sino todo lo contrario.
Muchas veces el reto no es hacer un trabajo creativo o que la inspiración te encuentre trabajando, el verdadero reto es que el trabajo te deje escuchar que la inspiración está tocando la puerta y que si llegas a escucharla tengas tiempo, y ganas, de abrirle. Mantenerse creativo a pesar del trabajo es en sí mismo un trabajo.
Para romper el ciclo del trabajo no creativo es necesario incluir esfuerzos creativos dentro y fuera del trabajo. Proponerse metas de manera personal, por ejemplo incrementar la eficiencia de algún área, de las reuniones o de la escritura de informes. O incluir en la rutina no creativa pequeñas acciones que ayuden a mantener la creatividad.
Contrario a lo que pudiera parecer, el trabajo en una librería puede ser muy poco creativo. Yo lo he hecho en varias oportunidades, por eso sé del importante riesgo que se corre de terminar odiando los libros de tanto tener que moverlos en los estantes para abrirle lugar a ejemplares nuevos, o de tanto recorrer los anaqueles desconcertado buscando un título que el sistema dice que está en la librería pero que nadie logra encontrar. Para mantenerme creativo en la librería suelo tomarle fotos a los títulos que me gustan, no necesariamente para leer el libro después, solo quiero disfrutar del nombre y de la promesa que hay en él. Además, suelo imaginar nuevas formas de ordenar los libros en los estantes para que tanto el recorrido del cliente como la ubicación de los nuevos ejemplares sea más fluida, que no siempre el orden alfabético es el ideal para lo uno o para lo otro.
Tener un proyecto alternativo, un tema de investigación, una mejora en el hogar. He ahí la importancia de los hobbies y del tiempo libre para mantenerse creativo. Aunque solo sirvan para distanciarse un poco de las preocupaciones diarias eso es suficiente. Yo todos los años juego beisbol de fantasía. Revisar números para remplazar un relevista por otro o para ofrecerle un cambio a otro ‘dueño de equipo’, me pone la mente en activo de una manera que me oxigena de cara a mis otras ocupaciones, porque me saca del lugar desde donde suelo pensar cuando estoy trabajando. Es por eso que muchas ideas llegan desde esos lugares de esparcimiento metódico que son los hobbies.
Pero el tiempo libre es un lujo que muchas personas no se pueden dar. Contexto y expectativas pueden trabajar en contra de la creatividad, lo importante es entender que no es la persona sino las circunstancias. En muchas ocasiones la falta de creatividad no está en la persona sino en que esa persona está viviendo en unas circunstancias donde trabajar con creatividad es muy difícil.
Para pensar en ello: Trabajar la creatividad.