En la variedad está el susto

Somos seres rutinarios. Nos gusta que todo sea igual o bastante parecido. Nos despertamos a la misma hora, hacemos las mismas cosas para prepararnos para salir, vamos al trabajo o a la universidad por la misma ruta, nos sentamos en los mismos lugares y la posibilidad de que alguien ocupe nuestro asiento de solo imaginarla es capaz de arruinarnos el día.

Pero qué tal si podemos introducir cambios en esa rutina y volverlos en sí mismos rutinarios. Miércoles de desayunar en la calle, si siempre desayunas en casa, o viceversa, miércoles de desayunar antes de salir. Una decisión así implica ajustes a veces grandes, por ejemplo, tener que levantarse más temprano para poder llegar a un sitio con tiempo suficiente para comer tranquilo.

Quizás la experiencia no nos guste y hay que buscar otra, quizás nos guste aunque no sintamos que esté influyendo en nuestro ánimo de una manera particular, quizás se vuelva tan tan rutinaria que esa nueva cosa termine siendo en el futuro la que cambiaríamos para darle un toque de novedad a la vida.

El cambio, en general, nos da miedo, lo contrario suele ser por irresponsabilidad o desinterés. Pero incorporar el cambio a la rutina, hacer del cambio algo rutinario, puede resultar una poderosa herramienta para encontrar nuevas ideas e intereses, también nuevos problemas y retos, por eso el miedo siempre estará ahí. No se trata de dejar de sentirlo sino de no dejar que te paralice.

Volver a la puerta.