
¿Dónde queda ese lugar? ¿Es un lugar, una sensación o una combinación de circunstancias? ¿Puedo ir si no sé dónde está o ni siquiera qué es realmente? ¿Puedo quedarme a vivir ahí?
Son demasiadas preguntas para esta puerta que debería funcionar como una especie de epílogo del ensayo. Pero al final diría que la creatividad en su forma primigenia es una pregunta. El por qué de los niños. Cuántas veces no nos hemos enfrentado a una retahíla de preguntas de un niño ávido por conocer y entender el mundo al que apenas acaba de llegar. Cuántas veces no hemos mandado a callar al niño, incapaces de seguir el ritmo de las preguntas.
Pero mantener las ganas de preguntar, independientemente de que lleguen las respuestas, es clave para encontrar el camino a ese lugar o a esa sensación.