Volver al pasado

Luis Alejandro Ordóñez

Esta historia comienza donde terminó la otra: luego de un excelente fin de semana con Jennifer, Marty se sentó a la mesa familiar seguro de que el futuro no estaba escrito, pero con el pasado ahí, vivo, revoloteándole intensamente en la cabeza. Se tenía que morder los labios para no hablar de sus viajes al año 2015, al viejo oeste, al pasado de sus padres en 1955 y, sobre todo, a ese otro 1985, el del día antes, tan cercano como ayer y a la vez tan lejano, tan extraño y ajeno al de todos los que le rodeaban, pero es muy difícil mantener la cotidianidad encerrada en una habitación. George y Lorraine ya estaban sobreaviso, no tanto por la falsa acusación a Biff de haber destruido el auto sino por la manera en que lo veía y en que los vio a ellos, como si no los conociera o como si los hubieran cambiado.

Con la habilidad de quien construye tramas imposibles para vivir, George hizo parecer conversación dominguera lo que era una auténtica prueba para descartar que su hijo sufría de algún tipo de esquizofrenia. Con tristeza, las respuestas de su hijo confirmaron sus sospechas. La vida que Marty había tenido era completamente distinta de la que recordaba: Biff atormentando a la familia, su padre inseguro e indefenso, su mamá siempre al borde de la borrachera, sus hermanos unos patéticos perdedores y él apostando a una banda de rock como si el futuro dependiera de ello. Él, que lo había tenido todo. Lo mejor era actuar sin dilaciones.

Cuando la ambulancia llegó a la casa, Lorraine no paraba de llorar preguntándose en qué fallaron y George pensaba en cómo su vida, su carrera, su fama, todos sus éxitos se vaciaban de significado porque a los ojos de su hijo menor, el consentido, el favorito, al parecer no era sino una especie de bufón. Marty se dejó llevar con docilidad, perplejo no por la situación sino ante la biblioteca llena de títulos escritos por su padre, libros que dijo estar viendo por primera vez pero que no solo se había leído sino que en los años recientes había ayudado a escribir y de los que hasta el día de ayer podía repetir pasajes completos de memoria.

Marty nunca salió del hospital psiquiátrico, y hasta el final mantuvo la esperanza de que un viejo amigo viniera desde el año 1885 a rescatarlo para que pudieran regresar a 1955 y evitar a toda costa que su padre le diera ese maldito nocaut a Biff.